La proactividad es una actitud que hoy ha de formar parte de todo empresario o profesional que desee mantener un mínimo de tiempo su empresa en el mercado.
Definición según Wikipedia:
Proactividad es un término acuñado por Victor Frankl, un neurólogo y psiquiatra austriaco que sobrevivió a los campos de concentración Nazis, en su libro Man’s Search for Meaning (La búsqueda de un Significado por el Hombre, 1946). Años después el término se popularizaría en muchos libros de autoayuda, desarrollo personal y empresarial gracias al best-seller Los 7 Hábitos de la Gente Altamente Efectiva del autor Stephen R. Covey.
Proactividad es una actitud en la que el sujeto asume el pleno control de su conducta vital de modo activo, lo que implica la toma de iniciativa en el desarrollo de acciones creativas y audaces para generar mejoras, haciendo prevalecer la libertad de elección sobre las circunstancias de la vida.
El concepto opuesto es el de reactividad, o tomar una actitud pasiva y ser sujeto de las circunstancias y por ende, de los problemas. La definición extendida por Covey dice que la conducta individual es función de las decisiones propias y no de las condiciones.
Por tanto ser proactivo, tener el control de su propia empresa, implica una eficaz gestión de la vigilancia como elemento clave en la estrategia empresarial.
Vigilar es estar atento a cualquier movimiento que sucede tanto en el entorno como en mi mercado, con mis clientes, mis competidores, mis proveedores…
Vigilar es percibir con tiempo cualquier cambio que pueda ayudarnos a mejorar nuestra posición competitiva en el mercado. Percibir cuándo algo o alguien puede cambiar y ponernos en una situación difícil.
Una de las principales funciones del estratega de la empresa hoy es la de velar por la ventaja competitiva de la empresa. Velar por que esa ventaja competitiva siga manteniendo el valor que tiene y conseguir que nada ni nadie pueda situar la ventaja competitiva en una posición de debilidad.
Es importante pues que las empresas cuenten con una unidad de vigilancia que sea capaz de transformar la abundante información que llega a la empresa y convertirla en información útil para el valor añadido de la empresa, y que sea utilizada tanto por marketing y ventas como por los servicios jurídicos, I+D o el departamento de estrategias de la organización.
La comunicación se nutre de ese valor añadido para ir dosificándolo al mercado, intentando que, en todo momento, el mercado en general entienda por qué nuestra organización existe que es lo que ofrece.
Juan Pablo Signes
